El agua es uno de los principales factores productivos que deben tenerse en cuenta en el riego por goteo. Su suministro es, de hecho, de suma importancia para los cultivos dado que son exactamente las características cualitativas del agua de riego que, juntas a las componentes agronómicas, permiten obtener el máximo del rendimiento de los cultivos agrarios.

El agua siempre debe poseer características higiénicas específicas, que no comprometan la calidad de los productos agrícolas con los que entra en contacto y entonces la salud del consumidor.

Si, por ejemplo, se utiliza agua procedente de una cuenca hidrogeológica, es preciso evaluar la presencia de elementos químicos tóxicos como por ejemplo arsénico, boro o flúor antes de utilizarla en la agricultura. Todos los elementos contaminantes deben ser removidos mediante técnicas adecuadas.

Si, viceversa, el agua es de origen superficial es necesario comprobar la presencia de contaminación por residuos, ya que cuando y si la misma no es tratada adecuadamente puede afectar la seguridad microbiológica de la producción agrícola.

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La importancia de la calidad y de la limpieza del agua

En función del tipo de fuente de suministro será necesario utilizar un tratamiento del agua adecuado para garantizar la calidad del agua.

Tales tratamientos son adecuados para eliminar la presencia de contaminantes de tipo químico o microbiológico que pueden comprometer la salud del ser humano.

Se supone que todos los operadores del sector alimentar deben garantizar el uso de agua potable para el riego. La fuente hídrica debe ser siempre agua limpia, o sea sin microorganismos o sustancias nocivas en cantidades suficientes para influir directamente o indirectamente en la calidad sanitaria de los alimentos.

¿Cómo evaluar la calidad del agua? En primer lugar, es necesario interrogarse sobre la fuente de suministro. Posteriormente, en función de las características de la fuente hídrica, se establecerá el tratamiento químico-físico que debe realizarse y el sistema de filtración adecuado.

Principales fuentes de suministro

El suministro de agua de riego podrá efectuarse por distintas fuentes que podemos dividir en:

  1. Aguas de superficie: son aguas provenientes de zonas naturales y artificiales puestas dentro de la explotación o puestas en el exterior de esta. Las fuentes naturales externas más comunes son lagos naturales, lagos artificiales, ríos y cursos de agua;
  2. Aguas subterráneas: son fuentes hídricas situadas en zonas adyacentes de la explotación, que utilizan agua extraída mediante bombas de pozos o de fuentes hídricas naturales subterráneas;
  3. Acueducto: son fuentes de distribución artificial y procedente de redes comunes externas a la explotación, diferentes de las aguas de superficie;
  4. Aguas residuales depuradas: son fuentes hídricas procedentes de sistemas de depuración;
  5. Aguas desalinizadas: son fuentes hídricas procedentes de embalses salados que, antes de utilizarse en agricultura, se tratan al fin de reducir la concentración de sales;
  6. Aguas salobres: son aguas procedentes de embalses salados caracterizados por un bajo contenido de sal y que, entonces, pueden utilizarse directamente sin aportar tratamiento de desalinización.

Los parámetros que deben ser objeto de seguimiento

El conocimiento del tipo de fuente de suministro y de los principales parámetros de calidad del agua utilizada para el riego es fundamental para obtener el máximo rendimiento y la máxima calidad de los cultivos, así como para mantener el suelo fértil.

En particular si:

  • se utilizan fuentes hídricas de aguas subterráneas: será necesario supervisar en particular la temperatura del agua, dado que, una temperatura demasiado fría y muy inferior de la temperatura del suelo o del cultivo, puede dañar los cultivos y causar síntomas similares a los por la escasez de agua;
  • se utilizan fuentes hídricas de aguas de superficie: será necesario supervisar en particular la presencia de partículas solidas suspendidas y de metales pesados. El uso de agua con partículas suspendidas como arena, cieno o arcilla provoca un desgaste acelerado de bombas y de irrigadores y determina un mayor riesgo de oclusiones. La acumulación excesiva de metales pesados puede ser toxica para el ser humano y, solitamente, es un fenómeno causado por lluvias ácidas;
  • se utilizan fuentes hídricas procedentes de reutilización de aguas residuales: será necesario supervisar en particular la presencia de sustancias orgánicas o de compuestos inorgánicos. Las sustancias orgánicas, además de determinar el riesgo de oclusiones, contienen carbono. El carbono reacciona con el oxigeno del agua reduciendo su concentración. El agua con sustancias orgánicas resulta, entonces, muchas veces agotada. La presencia de compuestos inorgánicos como cloro, azufre, carbonatos y bicarbonatos puede ser dañina para el sistema de riego mismo. En particular los cloruros, a diferencia de los sulfitos, son fácilmente absorbidos da las plantas y, además de ser nocivos para el hombre, si acumulados en grandes cantidades pueden causar desecación del margen de lámina foliar. Los carbonatos y bicarbonatos, en cambio, determinan, si acumulado progresivamente con el tiempo, un aumento del PH. Cuando el PH supera el valor de 8,4 se pueden formar fácilmente compuestos calcáreos insolubles que, por su parte, provocan la oclusión de los goteros de un sistema de riego por goteo. La excesiva presencia de compuestos inorgánicos puede causar, además, fenómenos de fitotoxicidad.
  • Se utilizan fuentes hídricas procedentes de aguas salobres o desalinizadas: será necesario supervisar en particular el nivel de salinidad del agua. Un excesivo nivel de salinidad puede dañar tanto el suelo como los cultivos. El suelo puede sufrir fenómenos como la defloculación, o sea el cambio de estado sólido de las arcillas a el estado perdido con consiguiente aumento del PH, o sodicización, o sea enriquecimiento de sodio en los suelos.

Estos fenómenos pueden reducir la permeabilidad del suelo y, en consecuencia, la velocidad de infiltración del agua y el drenaje de exceso de agua. Los cultivos, en vez, en presencia de una alta concentración de sal, alteran los procesos osmóticos que impiden el correcto absorbimiento del agua por parte de las plantas y causan un crecimiento más lento y fenómenos de estrés hídrico.
 

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2021-04-13T14:40:12+02:00julio 17th, 2020|Guías de riego|0 Comments